La eficiencia de los modernos sistemas de emergencia en inmuebles es casi del 100%, debido a sofisticados diseños y sensores de amplio espectro que son determinantes en la vigilancia local. Pero hubo un largo recorrido antes de llegar a los estándares modernos.

En el siglo XIX hubo varios incendios graves en fábricas textiles, en Nueva Inglaterra. Estos eventos se salieron de control rápidamente y no pudieron ser controlados por los bomberos, siguiendo los protocolos de la época. Se determinó crear un sistema de accionamiento manual, con tubos en el techo, lo cual fue uno de los primeros sistemas de alarma para extinción de incendios.

A mediados de ese mismo siglo se instaló lo que parece ser el primer sistema de alarma de incendios, en Boston. Gracias al telégrafo, este tipo de sistemas se prolongó durante muchos años en casi todas las grandes ciudades, hasta la popularización del teléfono, en 1880 aprox.   

La necesidad de tener alamas contra incendios cada vez mejores y efectivas, hizo evolucionar a pasos agigantados el diseño de estos sistemas de seguridad. Desgraciadamente con lecciones aprendidas en catástrofes a lo largo de la historia, las voces de alarma se han ido perfeccionando, hasta llegar al punto de infalibilidad. Actualmente las normatividades internacionales contemplan una serie de disposiciones que no solo ven por las alarmas, sino también por la prevención de incendios, y la concientización de la gente.

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